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viernes, 24 de febrero de 2012

La magia que está al alcance de todos

Que la vida moderna no impida la cordialidad en la pareja. 
No existirá mejor lugar que la familia para nacer, vivir y morir.



En varios países, los jóvenes, al finalizar la carrera universitaria, acuden a academias de etiqueta y protocolo. Allí aprenden las normas de cortesía. No se sienten seguros de iniciar con éxito su vida laboral sin ese rápido pasaje por ese tipo de enseñanzas.

Asistí a un casamiento donde las palabras del sacerdote, breves y realistas, dieron en el blanco. Tanto, que fueron tema de muchos de los comentarios en la fiesta posterior.

Entre otros consejos, el cura sugirió a los novios estar pendientes de que, con el paso de los años, no se diluya la amable cortesía que en el tiempo de noviazgo ha aceitado su relación. ¿Por qué dejar de pedir las cosas por favor y de dar las gracias cuando la cotidianeidad se instala y muchas situaciones diarias dejan de sorprender? Advirtió a los noveles esposos que sus hijos, por el instinto de imitación tan acendrado en los niños, aprenderán de ellos esos detalles.

Me vino a la memoria un cuento de Pedro Pablo Sacristán, el Árbol Mágico. Un niño pasea por el campo y encuentra un árbol con un cartel que reza: soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás.

El niño trata de acertar el hechizo con abracadabra, supercalifragilisticoespialidoso, tan-ta-ta-chán, y muchas otras, pero nada. Rendido suplica: "¡por favor, arbolito!". Entonces se abre en el árbol una gran puerta. Todo está oscuro, menos un cartel que dice: "continúa la magia". Entonces el niño dice "¡Gracias, arbolito!" y se enciende una luz que alumbra un camino hacia una gran montaña de juguetes y chocolate.

Los padres, si bien de chicos aprendimos a pedir por favor y dar las gracias, estamos a veces muy ocupados y tan acelerados por las cosas a realizar en sólo veinticuatro horas, que dejamos de ser cordiales para cuando nos alcance el tiempo. Y los hijos no escuchan estas palabras mágicas de nuestros labios. Por consiguiente, no las aprenden. Y todos nos perdemos la recompensa que el niño del cuento logró.

martes, 12 de abril de 2011

Descifrando el cerebro adolescente

Hay jóvenes que tienen 15 años y son muy maduros. Y otros que tienen 24 y parecen adolescentes de 12

¿CUÁNDO COMENZAMOS?



Pablo (17) cierra violentamente la puerta tras de sí y se aleja sin mediar explicación de la casa de sus padres. Desde hace un par de años que se pelea constantemente con ellos. Su última “pataleta” fue porque no acepta que le impongan una hora para volver del “carrete”, a pesar de que fue sorprendido manejando sin licencia, a exceso de velocidad y bajo la influencia del alcohol. Y de eso ha pasado sólo un par de meses. Es que se siente un adulto y considera que sus excesos son “gajes del oficio”. Así, con esa desfachatez, define sus alocadas noches junto a sus amigos, todos de la misma edad. Sus papás no entienden qué le ocurre. Nada parece importarle, ni siquiera el hecho de que, debido a su pobre desempeño en el colegio, es muy probable que ni siquiera consiga ingresar a la universidad. “No sé que hicimos mal, ¿en qué nos equivocamos?”, se lamenta Angélica, su madre.

Con profunda decepción alega que “su niño” no se conmueve con nada: “ni siquiera con la tremenda angustia que sentimos cuando se mete en problemas”. Lo que esta familia no ha considerado es un factor crucial tras el comportamiento de Pablo: la biología de su cerebro.
Por muchos años la ciencia estuvo convencida de que el cerebro del ser humano llegaba a su máximo desarrollo a los 12 años. Los conocidos ritos de iniciación en la mayoría de las culturas ocurrían a esa edad y la literatura sicológica -como los tratados de Piaget- colocaban esta etapa como el último peldaño en la evolución cognitiva. Algunos teóricos incluso llegaron a argumentar que la adolescencia era un invento de la era posrevolución industrial.
Pero con el avance en la exploración del cerebro, la ciencia está demostrando que todas esas actitudes que cualquier padre de adolescente resiente -estallidos emocionales, riesgos innecesarios o el constante afán por romper las reglas- tienen una base cerebral. El tema ha evolucionado a tal punto en Estados Unidos que el sistema penal está considerando a la adolescencia como un “atenuante”. Es que lo que comienza precisamente a los 12 años en la mente de los jóvenes es una verdadera tormenta emocional.
Agotados todo el día: su cerebro se está desarrollando. A los seis años de edad, el 90% del cerebro humano está desarrollado. El otro 10% tardará por lo menos hasta los 20 años en desarrollarse. Hasta los 12, sólo es crecimiento: las neuronas comienzan a expandir sus conexiones tal como un arbusto que extiende sus ramas, creando nuevos “caminos” para conectar las distintas áreas cerebrales. Es lo que se conoce como proliferación de la materia gris, clave para coordinar acciones motoras y sensoriales. Pero al llegar a los 12 años este proceso se detiene y comienza lo que se conoce como “poda cerebral”, que no es otra cosa que el desarrollo del 10% restante del cerebro. Esto es una suerte de “esculpido” del cerebro. El siquiatra Patricio Fischman explica: “Se van eliminando las conexiones que no se usan y quedan sólo las que se necesitan”. Por ello, la materia gris se va perdiendo a razón de 0,7% al año.
Al mismo tiempo, la mielina -una especia de grasa que recubre las conexiones nerviosas como el aislamiento de los cables eléctricos- se va engrosando, haciendo que la transmisión de las señales sea más rápida y eficiente. Con cada año que pasa, la mielina se vuelve más espesa, tal como los anillos de los árboles que van engrosando el tronco. Es aquí cuando empiezan a forjarse las habilidades más complejas, como la planificación, el razonamiento, el juicio y la toma de decisiones. Claro que todas ellas no llegan a su maduración completa, sino hasta pasado los 20 años de edad.
Todo esto requiere un profundo consumo de energía y, por ende, explica, algunos de los rasgos más habituales de los adolescentes: el permanente agotamiento en que viven y los problemas de aprendizaje que suelen surgir a los 12 ó 13 años. De hecho, son años que coinciden con los de mayor repitencia escolar. El 5,6% de los alumnos no logra pasar de curso entre séptimo y octavo básico.

ERRÁTICOS, ANTOJADIZOS E IMPULSIVOS
Para entender el comportamiento errático que suelen tener los adolescentes hay que tener en cuenta cómo se “ejecuta” esta poda cerebral. El proceso se va realizando desde la parte posterior del cerebro hacia adelante. Y es aquí dónde radica la clave: lo primero que madura son las áreas asociadas con las emociones y la afectividad (sistema límbico). Por eso, los adolescentes procesan toda la información que reciben en esa zona, explica el doctor Francisco Aboitiz, profesor del Laboratorio de Neurociencia Congnitiva del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Católica. Es decir, sus actos no consideran aspectos racionales sino meramente emocionales. Eso es lo que los lleva a correr riesgos que los adultos pensarían dos veces antes de tomar, como conducir ebrios o a exceso de velocidad después de robar las llaves del auto del papá sin importarles las consecuencias. Están siempre buscando experiencias que les provoquen emociones intensas.
Antes de los 20 años, la parte del cerebro relacionada con el juicio, la toma de decisiones y el control de los impulsos (corteza prefrontal) aún no se ha desarrollado. Esa área puede definirse como el “gerente general del cerebro”, dice Fischman. “Es como si todo el cerebro fuera una empresa y en esta etapa las decisiones las tomaran los mandos inferiores, incapaces de coordinar el conjunto del negocio”. “Los científicos y el público en general atribuían las malas decisiones de los adolescentes a los cambios hormonales. Pero una vez que comenzaron los análisis sobre cambios cerebrales, podemos asegurar que la parte del cerebro que hace a las personas más responsables aún no ha terminado de madurar”, dice a la revista Time, Elizabeth Sowell, neurocientífico de la Universidad de California. Esto hace, además, que los adolescente exhiban un pensamiento lineal, es decir que se enfocan en sólo un aspecto determinado de un problema. Son incapaces de ver las aristas y mirar al conjunto para tomar sus decisiones.

REACCIONES VIOLENTAS
Las hormonas, sin embargo, siguen siendo una parte importante en la historia de la adolescencia. En la pubertad, los ovarios y testículos liberan estrógenos y testosterona en el torrente sanguíneo, estimulando el desarrollo del sistema reproductivo, causando el brote del vello, generando estragos en la piel y modelando un cuerpo de adulto. Recientes descubrimientos, sin embargo, muestran que las hormonas sexuales también inciden en el cerebro, directamente sobre químicos cerebrales que regulan el estado de ánimo y excitabilidad. Eso, por una parte. Pero también entra en escena nuevamente la zona cerebral que controla las emociones, específicamente una parte llamada amígdala, que sirve para discriminar las emociones.
Si una discusión aparentemente leve en la calle puede parecerles una guerra campal o el regaño de sus padres por las malas notas es leído como una descalificación que los hiere profundamente, se debe a que en los adolescentes la amígdala está más activa, por lo que no son capaces de identificar bien las emociones en las otras personas y sobrerreaccionan.
Una prueba realizada en la Universidad de Harvard lo deja claro: se pidió a grupos de adolescentes y adultos que miraran determinadas fotos y reconocieran la emoción de los rostros. Mientras los adultos cometiron muy pocos errores en asociar el gesto de la foto con la emoción que correspondía, los menores tendían a confundir las expresiones de miedo con enojo y la tristeza con la hostilidad.
Como la amígdala fue una de las primeras áreas que evolucionaron en el cerebro humano, es fundamental para responder ante el peligro: es la que da la orden de pelear o escapar. Con el paso de los años la zona racional comienza a moderar esta respuesta, ajustándola a las circunstancias. Pero como el adolescente aún no la tiene desarrollada, tiende a reaccionar en forma persecutoria y con una violencia excesiva ante hechos que no lo ameritan.

¡LO QUIERO AHORA!
¿Le cuesta convencer a su adolescente que deje el sofá y la televisión y se ponga a hacer sus tareas? Para esa “flojera” que suele irritar a los adultos puede culpar al centro de recompensa del cerebro (estriado ventrial), ubicado en la parte posterior. Las imágenes cerebrales han revelado que este sector está mucho más activo en la adolescencia, haciendo que los jóvenes actúen como si los gobernara una suerte de “imperiosa necesidad” por obtener satisfacciones rápidas. Por ello, nada que no signifique una gratificación inmediata los motivará a persistir. Mucha emoción y poco esfuerzo. Ese es el mandato de la adolescencia. Por ello, la recomendación de los expertos es clara: las instrucciones que se les den deben apelar a beneficios inmediatos. Eso será más efectivo que plantearles ventajas a largo plazo.

¿NUNCA SE DUERME?
Persuadir a un adolescente para ir a la cama y levantarse en un horario razonable es otro asunto complicado de la vida cotidiana. Pero también tiene una explicación cerebral: al retroceder la luz del día una glándula (pineal) ubicada en la base del cerebro es la encargada de producir una sustancia química (melatonina) que ordena al cuerpo prepararse para dormir. Diversos estudios han demostrado que en los adolescentes este proceso toma más tiempo.

por Ricardo Acevedo Post Anteriores:
Adolescentes y normas de los padres
Sistema Nervioso y Aprendizaje
Las escuelas que tenemos
Niños comparten desde los siete años
Las mejores ciudades para criar hijos

viernes, 8 de abril de 2011

Tips para ser más efectivos

Conteste cada respuesta con un sí o un no. 
Contabilice la cantidad de “sí” respondidos.

Su hijo adolescente...

1. ¿Se rebela contra las reglas del hogar?

2. ¿Ha sido frecuentemente sancionado, amonestado, o expulsado durante su etapa escolar?

3. ¿Suele agredir verbalmente?

4. ¿Se junta con otros adolescentes rebeldes?

5. ¿Ha perdido el interés en la práctica de su deporte, actividad o hobbie favorito?

6. ¿Tiene dificultades para cumplir sus tareas escolares?

7. ¿Ha tenido problemas por violar leyes ciudadanas?

8. ¿Suele contestarle mal, provocando que usted se sienta obligado a no pronunciar ciertas frases o palabras que pudieran alterar el ánimo de su adolescente?

9. ¿Podría tener problemas para finalizar el secundario?

10. ¿Tiene un aspecto depresivo?

11. ¿No cuida su higiene personal?

12. ¿Suele tener un comportamiento violento?

13. ¿Es manipulador y mentiroso?

14. ¿Parece falto de iniciativa y motivación?

15. ¿En determinadas ocasiones se comparte en forma deshonesta con usted?

16. ¿Tiene un comportamiento sexual promiscuo?

17. ¿Ha manifestado acciones que sugieran ideas de suicidio?

18. ¿Posee dinero u objetos valiosos sin que este clara la forma en que los consiguió?

19. ¿Podría poner en juego su seguridad personal?

20. ¿Está constantemente de mal humor?

21. ¿Parece carecer de autoestima y valor en sí mismo?

22. ¿No es una persona en la que usted pueda confiar ciegamente?

23. ¿Tiene problemas en respetar la autoridad?

24. ¿Realiza actividades que usted no aprueba?

25. ¿Podría estar consumiendo drogas o alcohol?

26. ¿Lo preocupa acerca de sus posibilidades futuras de inserción en la sociedad?

27. ¿Suele oponerse a los valores de su familia?

28. ¿Constantemente desafía cualquier tipo de reglas, cualesquiera que estas sean?

29. ¿Lo tiene agotado por estas actitudes?

30. ¿Lo hace sentir impotente cuando usted intenta cambiar sus actitudes?

Contabilice las respuestas afirmativas. Estas son nuestras recomendaciones para la cantidad de “sí” acumulados:

18 o más respuestas afirmativas: Alto riesgo. ¡Consiga ayuda ya mismo! Hable con un psicólogo sobre estas dificultades y sus posibles formas de solución.

Entre 9 y 17 respuestas afirmativas: En el límite. Puede resolver los problemas ajustando los límites de la convivencia familiar. Sin embargo, no debe descartar la posibilidad de iniciar un tratamiento psicológico.





Ser padre o madre es el trabajo más difícil del mundo, ya que los niños no nacen con manual de instrucciones.

Esto quiere decir, que la mayoría de los padres aprenden a serlo aplicando estrategias por ensayo-error, hasta que dan con aquellas que les funcionan mejor. De modo, que es importante hacer una revisión de los últimos 12 meses, pero no hay que machacarse si parece que lo podíamos haber hecho mejor.

A continuación se presenta una lista de propósitos para que cada padre y madre elija aquellos a los que sientan que deben prestar más atención para que desarrollen su rol de progenitor de forma más efectiva:

1. Se más consistente:

Esto quiere decir que debes establecer límites consistentes, incluso para los adolescentes, aunque haya que estar dispuestos a negociar y ceder un poco de terreno.

Cuando se niegan a cooperar o romper las reglas, actúa con calma y razonablemente, en lugar de recurrir a medidas severas para "enseñarles una lección".

2. Evita regaños, gritos y recordar constantemente que cooperen

A veces es mejor callarse que darles la lata constantemente. Ya que sólo prestan atención a lo que ellos quieren.

3. Concéntrate en el comportamiento apropiado

Si continuamente estás señalando la mala conducta de tus hijos y ves que no te hacen ni caso, trata de ignorar las conductas inadecuadas tanto como sea posible.

Esfuérzate por desarrollar el hábito de atraparlos “portándose bien". Al igual que los adultos, responden mejor a los comentarios favorables y es probable que terminen portándose bien, sólo para llamar nuestra atención.

4. Anima persistentemente

Se ha estimado que escuchan aproximadamente 17 comentarios negativos en casa por cada muestra de alabanza o de aliento. La crítica continua puede tener efectos desastrosos sobre la autoestima. Así que esfuérzate en celebrar sus logros.

5. Pasa más tiempo con la familia

En la sociedad actual, en la que los dos padres trabajan y los chicos están ocupados con el colegio y las actividades extraescolares, encontrar el tiempo para que todos puedan estar en casa juntos es cada vez más difícil.

Por eso es importante dedicar al menos media hora al día para compartir experiencias, pero que sea de calidad, no frente al televisor, ni mientras haces la compra del supermercado.
6. Tómate un descanso de vez en cuando y dedícate a ti mismo o a ti misma

Tomarse algo de tiempo para uno mismo es una necesidad más que un lujo. Para ello, puedes reorganizar las tareas domésticas, solicitar la ayuda de tu pareja, familiares, o amigos.

7. Pasa tiempo con tu pareja

No importa si se trata de un fin de semana romántico o simplemente quedar para tomar un café juntos una vez a la semana, pero eso sí, en ese tiempo trata de no hablar de los hijos.

8. Deja de echarte la culpa por todo

Seamos realistas, los padres pueden encontrar un montón de motivos para sentirse culpables, ya sea por dejarlos solos o al cuidado de otras personas o por demasiado castigo.

No se trata de que te vuelvas un irresponsable, sino de que aceptes que estás aprendiendo a ser padre o madre con la práctica diaria, y cuando uno aprende, se equivoca.

9. Controla el tiempo que la televisión permanece encendida en casa

Si siempre está encendida, es hora de que establezcas una serie de límites para su uso. Diez horas por semana es una pauta razonable. Además, prueba a tener una noche libre de televisión y que ellos realicen propuestas para hacer otras cosas.

10. Comprueba el uso que tus hijos hacen de la computadora

Las computadoras tienen más potencial educativo que la televisión, pero lellos las utilizan sobre todo para jugar, a menos que reciban la asistencia y la dirección de los padres.

Así que de vez en cuando pregúntale a tu hijo sobre el último programa educativo que ha utilizado o pídele que te muestre sus avances con él.

11. Evita convertirte en el salvavidas

Evita hacer cosas como pagar por él las multas de la biblioteca o realizar a escondidas una tarea del hogar que tu pareja le encomendó. Este tipo de conductas no ayudan a tu hijo, sino que le privan de la oportunidad de desarrollar su independencia y su autonomía personal.

12. Adopta una perspectiva sana acerca de la conducta

Independientemente de cómo sea la conducta, si estás esforzándote en controlar la situación terminarás consiguiéndolo. Es sólo cuestión de tiempo.

Después de leer esta lista de propósitos seguro que has hecho una reflexión de tus habilidades educativas como padre o madre. Es verdad que todas son deseables, pero no te obsesiones con convertirte en un padre perfecto, en vez de eso, trata de llegar a ser un padre o madre que aprende mientras educa a sus hijos.


Uno de las tareas más importantes (y complicadas) de los padres de adolescentes es mantener siempre abiertas las vías de comunicación. Aquí ofrecemos algunos consejos sobre cómo comunicar con hijos adolescentes.
Dar mensajes claros. Es un error decir a la misma cosa "no" un día y "sí" otro día a tu hijo adolescente, salvo que las circunstancias han cambiado. Dar mensajes claros ayuda a crear una base de confianza, fomenta el buen comportamiento y ayuda a bajar los niveles de estrés en una familia
Aprender a escuchar y responder con respuestas que incentivan la comunicación y eviten que tu adolescente salga del salón de un portazo. Emplear un tono positivo y utilizar lenguaje corporal afirmativo mientras hablas
Tratar con el mismo grado de respeto a tu hijo adolescente con el que esperas que te trate a ti. No le insultes nunca, no le ridiculices tampoco.
Dar mensajes afirmativos. Cada vez que se presente la ocasión, recordarle que le quieres. Cuando se ha arreglado, dile que esté muy guapo. Cuando ordena su habitación sin que se lo hayas pedido, coméntaselo de tal forma que se sienta orgulloso (aunque no te lo vaya a demostrar)
No pierdes el genio y no grites. Si empiezas a gritar, la capacidad receptiva de tu adolescente se bajará a cero. Hay momentos en los que tod@ adolescente cree que sus padres no le comprenden, que le hacen la vida imposible. Y cuando gritamos por frustración o rabia, solo conseguimos alejarles más. Si crees que vas a perder los papeles, suspende la conversación para retomarla en un momento en el que has logrado sobreponerte
Ser preciso y dar detalles sobre lo que esperas de tu hijo. Puedes escribir un planning y pegarlo en la nevera como recordatorio. Siempre es bueno escribir sobre papel reglas y acuerdos importantes, porque asi ambas partes pueden consultar el papel cuando surja una confusión sobre una norma específica
No ningunear nunca a tu hijo cuando estás enfadado o triste. Si algo que hace o dice te enfada o entristece de sobremanera, dile que no estés en condiciones de seguir una conversación antes de alejarte. Es peligroso ignorarle o dejar de hablarle y seguir tan normal con otros miembros de la familia, porque solo conseguirás distanciarle cada vez más
Evitar decir "porque lo digo yo". Explica tus razones de forma tranquila a tu hijo. Los adolescentes saben que la última palabra la tendrán sus padres, pero es importante que sepan por qué les pedimos que hagan algo que no quieren hacer, o por qué les prohibimos ciertos actitudes.
Iniciarle en una conversación, no entres en un monólogo. Termina tus frases con otra que invite a la comunicación:
* ¿Qué piensas tu?
* Parece muy importante para tí, intenta explicarme por qué
* Buena pregunta, intentaré contestar
* Me interesa mucho conocer tu opinión
* ¿Comprendes lo que te intento explicar?
* ¿Quieres hablar?
Lograr una coherencia entre lo que predicas y lo que practicas. Es importante dar ejemplo para tener credibilidad
Evitar frases negativas que más bien logran todo lo contrario, como por ejemplo:
* Si vuelves a decir eso te....
* Me trae sin cuidado qué hace tus amigos
* No vengas llorando a mí se te sale mal
* No te creo
* No comprendes nada
* Pregúntaselo a tu madre/padre
Escuchar con atención a tu hijo cuando te habla. No hagas otra actividad mientras, y si estás haciendo algo cuando empiece, para. Mira a tu adolescente, escucha y ofrece un comentario cuando termine.
Organizar actividades conjuntas, a veces con toda la familia, a veces solos. Excursiones, comidas, una cena fuera, vacaciones.... Si tu adolescente no quiere pasara todas las vacaciones con la familia, intenta buscar una solución y ayúdale a encontrar la manera de pasar tiempo con sus amigos y tiempo con su familia.







1. ¿Como Piolin puede mantener el equilibrio en su columpio con esa tremenda cabezota?

2. Si Popeye y Olivia son solteros y nunca tuvieron relaciones .. .¿de donde diablos salió Cocoliso y porqué se parece tanto a ambos?

3. Por qué el Coyote si tenia plata para comprar miles de mariqueras ACME para atrapar al corre-caminos, ¿Nunca se compró un pollito asado con papitas fritas y 1 birrita?

4. ¿Por qué Superman, Batman, y todos en el Salón de la Justicia llevaban los calzoncillos encima de los pantalones?

5. Conociendo el efecto de las espinacas de Popeye... son realmente espinacas? ¿No será alguna hierba extraña?

6. ¿Que clase de sustancia psicotrópica toman los siete enanitos, para que después de 20 horas de trabajo salgan de la mina cantando, bailando y felices los desgraciados?

7. ¿No creen que la Pantera Rosa fue la primera expresión de la cultura gay que se transmitió masivamente?. La Pantera Rosa...¿era el o ella?

8. ¿Por qué Caperucita Roja tuvo que pedir tantas pistas para darse cuenta que su abuela era en realidad el Lobo?

9. Si Pluto es un perro, ¿que es Tribilín? ¿Un engendro genético?, Una mutación? ¿Pluto es un perro de color naranja?. Si Mickey es su amo... que ratón más grande!

10. ¿Por qué todos los personajes de Disney llevan guantes blancos y tienen cuatro dedos? ¿Es acaso un mensaje subliminal que confirma la vida extraterrestre?

11. ¿Cómo puede el abuelo de Heidi mantener un chalet en los Alpes Suizos, con la pensión que cobra un jubilado?

12. ¿Porqué a Hulk se le rompe toda su ropa excepto los pantalones?

13. ¿Por qué los archi-villanos quieren destruir el mundo? ¿Dónde piensan vivir después?




El privilegio de ser padre y madre
Srila B.A. Paramadvaiti Swami, secretario de la WVA en la India (World Vaishnava Association), líder de la Misión Vrinda en India y el mundo entero;representante de la Gaudiya Vaisnava en la cumbre de religiones organizada por el mismo Vaticano. Es maestro de parrocos, reyes, alcaldes, empresarios, y un sin numero de personas que practican el Yoga y la Meditación.  

domingo, 17 de octubre de 2010

Técnicas de persuasión

 

¿Cansado de ver como no hacen caso a tus palabras?

Echemos un vistazo a las técnicas más efectivas de persuasión, que puedes comenzar a aplicar ahora mismo...

El arte de la persuasión representa la historia de la manipulación diplomática pero astuta, tendiente a poner a las personas de tu parte sin recurrir al uso de la fuerza.

Su objetivo primordial es básico, pero difícil de conseguir: convencer a tu audiencia de internalizar tu argumento, para luego adoptarlo como parte de su sistema de creencias.

El arte de la persuasión cuenta con seis armas para influir sobre otras personas, éstas son: reciprocidad, compromiso/consistencia, autoridad, validación social, escasez, gusto/amistad. A continuación, le echamos un vistazo a las técnica persuasivas más efectivas:

Crea una necesidad

Intentar persuadir a otros para que te crean cuando careces de una urgencia reconocible es inútil. Si lo que tú quieres —apoyo, dinero, aprobación— no es obvio, necesitarás hacerlo obvio fabricando una profunda y urgente necesidad. Es aquí cuando la escasez entra en juego. Las personas encuentran a objetos y oportunidades más atractivos cuando escasean o son raros.

Los publicitarios trabajan primero creando una necesidad en ti (nada puede quitarte la sed como...), luego en crearte la noción de escasez. En el mundo profesional, hay dos factores que están de tu lado a la hora de persuadir: el tiempo, y las acciones imprecisas de la competencia. En vistas de “ponerte a la audiencia en el bolsillo”, debes convencer al auditorio de que tiene una necesidad que ni siquiera sabe que tiene. Por ejemplo, implantar la necesidad de implementar un programa inmediatamente porque éste es el único momento en que puede llevarse a cabo con los mejores resultados.

Recurre a palabras potentes

Los políticos y los publicitarios usan palabras potentes o cargadas de sentido todos los días. Considera las frases comunes “defender la democracia” o “Guerra contra el terror”. ¿Qué quieren decir precisamente? Ni siquiera una respuesta efectivamente trazada podría encontrar la conexión y el verdadero significado de estos términos. En el deseo de persuadir, el significado suele ser secundario cuando se recurren a palabras cargadas.

Por ejemplo, Warren Buffet -el famoso inversionista- rara vez omite referirse a sus inversores como “socios”, aunque claramente no lo sean. Desde luego, ellos saben que al hacerlo crean un lazo de igualdad y fraternidad sin la necesidad de hacer un solo renunciamiento. Las ideas de reciprocidad (la gente está más dispuesta a cumplir con los requerimientos de aquellos que primero han dado algo) y de gusto/amistad (las personas prefieren decir “sí” a aquellos que les son conocidos y les agradan) pueden verse en las palabras simples, pero potentes, de Warren Buffet.

Habla su mismo lenguaje

Una vez más, decimos que las personas prefieren decir “sí” a aquellos que les son conocidos y les agradan. A este fin, un medio básico y efectivo de persuasión no sólo hace necesario el uso de un vocabulario comprensible y reconocible, sino que también se caracteriza por recurrir al nombre (o los nombres) de la audiencia. Es algo tan fundamental como cuando te encuentras con alguien por primera vez, y al verlo la segunda recuerdas su nombre. Sin dudas, causas una mejor impresión, ya que agasajas el ego y convences al receptor de que has podido recordad su nombre, desde luego, porque lo valoras demasiado para haberlo hecho.

Apela a la autoridad

Las personas se encuentran más dispuestas a seguir directivas y recomendaciones de un comunicador a quien atribuyen autoridad o pericia.

Un llamamiento a la autoridad, en el que demuestres tus profundos conocimientos sobre el tema, tus cualificaciones, o una muestra de tu propio interés o compromiso en el asunto, satisfará los deseos de tu audiencia de reconocer a un interlocutor en una posición de poder.

Recurre a las emociones

Con frecuencia, las personas asumen erróneamente que en el mundo de los negocios sólo cuentan los hechos. Si bien los números tienen un lugar bien ganado y nunca deben ser ignorados, recurrir a las emociones puede ser especialmente efectivo en el ámbito de la negociación.

La clave está en evocar una respuesta emocional usando metáforas o recurriendo al sentimiento del riesgo y la aventura (claro, sin excederte).

Apela a la razón

Apelar a la razón es recurrir a los hechos comprobados y los números incuestionables para influir sobre tu audiencia. Para muchos, en el ámbito del mundo profesional, no existe mejor forma de persuasión. En combinación con la autoridad, la razón y la lógica pueden tener efectos superlativos sobre la audiencia.

Cuenta una historia

Por último, es necesario dedicar algunas líneas a la importancia del poder persuasivo de una buena historia. Se cree que organizamos nuestros procesos mentales de acuerdo a historias, y es cierto que los grandes líderes son también grandes contadores de historias. Para ellos, una historia es un hecho envuelto en una emoción que insta a una acción que tiene la capacidad de transformar nuestro mundo. En consecuencia, las historias pueden usarse como técnica de persuasión.

Para ser exitosa como método persuasivo, una historia debe estar contada con pasión, a través de los ojos de un héroe, que en un primer momento encuentre un antagonista, que luego experimente un despertar de un conocimiento, y que este despertar conduzca a una última transformación.

El punto, en consecuencia, es vestir tu presentación con el atuendo de una buena historia. Posiciona principalmente lo que estás intentando persuadir (una oportunidad financiera) como el héroe; los obstáculos conocidos son los antagonistas (riesgo de pérdidas); incluye tu argumento primario en forma de conocimiento (las razones por las que los riesgos se ven disminuidos); y la transformación final en forma de resultado percibido (la recompensa financiera). Y, desde luego, cuéntalo todo con mucha pasión.