jueves, 14 de abril de 2011

Animar para que no abandonen el curso



Muchas familias pasan por la misma frustrante situación cada año. Llega el último tramo del curso y aquellos niños, niñas y adolescentes que han presentado dificultades para superar las asignaturas o que no las han superado a lo largo del año académico, hablan de tirar la toalla y prepararse para examinarse a final del verano o repetir curso.

Normalmente, esta "propuesta" por parte de los hijos provoca muchos nervios en los padres, que comienzan a reunirse con los profesores para ver dónde está el problema, contratan a un profesor particular, se sientan a estudiar con los hijos sacando el tiempo de donde no hay; y todo eso contando con muy poca colaboración del hijo o hija que lo ve todo muy negro y no pone mucho de su parte. ¿Qué hacemos entonces?

Analizar la situación de forma objetiva

La manera más apropiada de enfrentar este tipo de situaciones es siendo realista pero no derrotista. Esto significa que hay que analizar qué asignaturas son objetivamente superables y cuáles no lo son; y dedicarse a fondo al estudio de las que podemos salvar.

Para ello, lo mejor es solicitar ayuda al profesor de nuestro hijo o hija para que nos informe cuáles son los objetivos mínimos que tiene que alcanzar para superar cada asignatura y decidir junto a él o ella, si se va a presentar a una, a más de una o incluso, a todas.

Trazando un plan para aprobar

Una vez que conocemos los objetivos a conseguir, debemos hablar con nuestro hijo o hija y trazar un plan de ataque. Para ello, es de suma utilidad que nos sentemos delante de un calendario y contemos los días que quedan de curso.

Ahora que sabemos los días con los que contamos, dividiremos el estudio de la materia en semanas, pero dejaremos al menos una semana libre para repasar antes de cada examen.

Trazar un plan para aprobar
El proceso de desmotivación de nuestros hijos no sucede de la noche a la mañana, sino que es producto de la suma de pequeños fracasos que se han acumulado a lo largo de todo un año escolar o incluso toda una vida. Desde este punto de vista, hay que acompañar y animarles en todo momento, pero sin presionar de forma excesiva.
Prepararse mentalmente

Tratar de superar el curso a última hora es una situación altamente estresante y debe ser afrontada como tal.

Según los expertos en neurociencia y psicología positiva, para superar una situación estresante lo fundamental es prepararse antes mentalmente para afrontar los retos que se presenten, y partir de la base de que aunque cuesta lo mismo pensar de forma negativa que positiva, la primera forma de pensamiento te prepara para fracasar, mientras que la segunda, para triunfar.

Es muy importante mentalizar a los hijos que se encuentren en esta situación para que entiendan que lo que se proponen hacer es difícil pero posible. Para ello es de mucha utilidad presentarles ejemplos que respalden nuestra teoría, es decir, contarle anécdotas en las que nosotros, uno de sus amigos o incluso ellos mismos; han realizado hazañas increíbles en materia de estudios.

Evaluar el proceso

Algo que es muy necesario en este tipo de situaciones extremas es dedicar un tiempo a evaluar cómo va la lucha por aprobar y anotar los resultados que se obtienen. Por otro lado, hay que reconocer y celebrar cada pequeño logro; y dejarle claro al hijo o la hija que esta experiencia le va a servir para conocerse mejor como estudiante.

No debemos olvidarnos de mantener una comunicación continua con el profesorado a lo largo de esta última parte del curso, ya que esto facilitará el análisis de los errores que está cometiendo nuestro hijo o hija, pero también ayudará a que se sienta más apoyado por un equipo de padres y profesores que creen en él o ella.

Como te habrás dado cuenta, afrontar un reto estudiantil de este tipo no es nada fácil, pero si te mentalizas y preparas a tu hijo o hija para emprender esta hazaña, puedes asombrarte de los resultados que consigas.





Al nacer, el cerebro de un bebé se va desarrollando según las interacciones que tenga con su entorno y los conocimientos a los que tenga acceso, así que es a través de la educación como un niño realmente puede aprovechar su potencial y obtener las capacidades necesarias para vivir en sociedad.
Según esto, se entiende que la educación es uno de los derechos más importantes de los niños, ya que les da herramientas para convertirse en personas independientes, capaces de enfrentar con autonomía el futuro y de hacer aportes que les permitan sentirse útiles y felices.
La educación ayuda a estructurar el pensamiento, desarrollar la creatividad, mejorar las habilidades comunicativas, establecer valores éticos, crecer en términos afectivos y estimular hábitos de integración social y de solidaridad, así que resulta preocupante que, según las cifras más recientes sobre el tema, de cada 100 niños colombianos en edad escolar el 20 por ciento no entre a un colegio, el 20 por ciento no finalice la primaria, el 10 por ciento no llegue a noveno grado y el 20 por ciento no alcance undécimo grado; lo cual quiere decir que solo el 30 por ciento de los niños termina sus estudios de bachillerato.
En Colombia, muchas causas se suman para aumentar la deserción escolar: la falta de recursos económicos, el trabajo infantil, el impacto del conflicto armado, el desplazamiento y la ignorancia de los padres. Según los estudios realizados sobre el tema, entre estos factores el que mayor influye en el hecho de que los niños abandonen el colegio es la carencia de recursos económicos suficientes para pagar la educación, los uniformes, los útiles escolares, el transporte y la alimentación.
A la hora de hacer cuentas, los padres de familia establecen prioridades y sacrifican la educación de sus hijos por necesidades que ellos consideran más apremiantes, como la alimentación, la ropa o la tranquilidad de tener un techo. En algunos hogares los niños no solo tienen que dejar de asistir a clases, sino que incluso deben empezar a contribuir con un aporte económico. De ahí surge el trabajo infantil y el reclutamiento de niños en filas guerrilleras.

Antipatía hacia el estudio
En muchas ocasiones la deserción escolar no es provocada por el sistema político y económico de Colombia, sino por la antipatía que sienten los niños por el estudio y la idea que tienen de que la educación no les servirá para nada. Los menores, especialmente aquellos que están entre los 12 y los 17 años, piensan que la educación no les aporta nada personalmente, se aburren con las tareas y los exámenes, y ni siquiera consideran que pasar por un colegio les dé instrumentos para aspirar a buenas condiciones laborales en un futuro.
Hoy en día la educación de un niño es todo un reto y ante la frustración que sienten los padres cuando su hijo no tiene un buen rendimiento académico y no le interesa estudiar, algunos recurren a castigar y lastimar al niño antes de detenerse a evaluar la situación y entender cuáles son las razones que se esconden detrás de ese desgano y apatía frente al estudio. En ocasiones, ese castigo físico y emocional prima como estrategia de educación, pero lo único que logran los malos tratos y las frases que descalifican es mermar la confianza de un niño que está en pleno proceso de crecimiento. Un estudiante con baja autoestima tiende a tomar opciones destinadas al fracaso que, a su vez, lo arrastran a experiencias desafortunadas que lo convencen aún más del concepto negativo que tiene de sí mismo. Este tipo de educación hace que el estudiante sea inseguro e indeciso.
También está el esquema educativo que llega al otro extremo, aquel en el que los padres no ponen límite alguno y satisfacen todos los deseos de sus hijos. Esta forma de educar también es perjudicial, pues lleva a que el estudiante desarrolle miedos, fobias y neurosis debido a su exagerado egocentrismo, lo cual le impide adaptarse a un grupo de clase. En otras palabras, cuando los padres no ejercen control alguno en casa, el niño, al llegar al ambiente de disciplina y responsabilidad del colegio, no se adapta o prefiere no asistir.
Otro modelo muy frecuente de educación hoy en día, que lleva a la deserción escolar, es que el niño ocupe sus ratos libres con actividades extras. Los menores acaban de llegar del colegio y ya tienen clase de francés, de inglés, de matemáticas y de lectura rápida, entre otras. Algunos tienen horarios tan extenuantes que los padres logran el efecto contrario al que buscan. En ese régimen el estudiante empieza a actuar de mala gana, hace las cosas por cumplir, aprende a odiar el trabajo intelectual y su actitud hacia padres y profesores se vuelve cada vez más defensiva y negativa.
En oposición a estos esquemas educativos está el de la motivación. Todos, pero especialmente los niños, necesitan que se les incentive para que encuentren razones para hacer las cosas con ganas e interés. No se trata de ofrecer recompensas y regalos, la idea es que los padres guíen a sus hijos para que ellos finalmente encuentren satisfacciones en el estudio y se den cuenta de los beneficios que pueden obtener de la educación.

Contra la deserción
Aunque no es posible enfrentarse a problemas como la inestabilidad económica o el desplazamiento forzado, hay medidas que los padres pueden tomar para que el estudio se vuelva más gratificante y enriquecedor para sus hijos, de tal forma que las cifras de deserción escolar no aumenten por el odio que sienten los niños hacia el estudio. Es importante tener en cuenta que, para llevar un proceso educativo coherente, las pautas deben ser compartidas por el padre, la madre y demás personas que intervienen en el trabajo escolar del niño.
El primer paso es que los padres demuestren interés en las actividades y responsabilidades de su hijo. Es difícil que el niño comprenda por qué debe prestar atención y dedicar tiempo a algo que no es importante para sus padres, y ese desinterés frena el entusiasmo por el trabajo escolar. Para que el niño se dé cuenta del interés de sus padres por lo que él hace se requiere:
  • La presencia activa de los padres en el colegio, no solo en la entrega de notas, sino en las reuniones de tipo social y lúdico. Es importante que asistan el papá y la mamá para compartir los triunfos y dificultades de su hijo.
  • Preguntar por las actividades que el niño realiza en el colegio. Hay que escucharlo y procurar no utilizar el trabajo y el cansancio como una excusa. Es conveniente acercarse a los profesores para pedir informes de su rendimiento académico y su desenvolvimiento. También es importante que ellos cuenten a los educadores los gustos, las cualidades, temores y habilidades del niño para facilitar la formación y educación del menor.
El segundo paso es ayudar al estudiante a creer en sí mismo, de lo contrario el proceso de aprendizaje se retrasará y el niño se verá obligado a desperdiciar buena parte de su energía en vencer barreras, lo cual le restará interés al estudio. Si los padres demuestran que aceptan a su hijo como es, con sus capacidades y limitaciones, le enseñarán a confiar en sí mismo. Estas son algunas sugerencias al respecto:
  • Estimular los trabajos o actividades que realiza el niño.
  • Motivarlo constantemente, lo cual implica: dar ánimo, impulsar, entusiasmar e interesar.
  • Enseñarle a dar un mayor valor al esfuerzo constante. Es importante que el niño aprenda a tener metas altas, pero alcanzables.
  • El niño es curioso por naturaleza, así que hay que proporcionarle los medios para que desarrolle su creatividad.
La importancia del orden
El orden es un factor clave para que el estudiante trabaje con juicio y atención. Por ejemplo, si su lugar de estudio es agradable y organizado, el niño sentirá que es más fácil estudiar y lo hará con mayor entusiasmo. En esa medida, es conveniente que en su casa tenga un espacio propio para hacer sus tareas y preparar sus exámenes. Además, ese lugar debe estar libre de fotos, juegos u otros elementos ajenos al estudio, pues pueden ser un factor de distracción; cuando el niño atiende a una sola actividad, rinde más y se fatiga menos.
Otra problema que lleva a que los niños se desmotiven es la dificultad que muchos tienen a la hora de organizar el tiempo. Cuando el estudiante no es capaz de repartir las horas de ocio y las de estudios, comienza a acumular trabajo y a incumplir con las tareas y obligaciones. Es conveniente que se establezcan rutinas, un horario fijo de comidas y un tiempo para las diversiones.
Al final, la educación no debe responder a la moda pedagógica, sino que se debe buscar la formación de un ser responsable, capaz de soportar las privaciones y disfrutar sin sentimientos de culpa. Por eso, la regla de oro es que todo extremo es perjudicial. Aunque es aconsejable no valerse continuamente de castigos ni tratar al menor con calificativos que denigran, también hay que evitar los premios y promesas exageradas.
De esta manera, el niño le irá encontrando el gusto al estudio y al colegio, y dejará de sentirse tentado a escaparse de clase o a abandonar por completo su educación.

A la hora de estudiar
  • Es importante que el niño adquiera un ritmo de estudio de lunes a viernes. El sábado y el domingo, las horas para hacer tareas deben ser más flexibles.
  • Es bueno que oiga música mientras estudia, pero debe ser instrumental y con un volumen moderado.
  • No es aconsejable que lea mientras come.
  • Debe dedicar más tiempo a las materias de mayor dificultad, pero sin restarle importancia a las que son más fáciles.
  • Dedique tiempo en las noches para ayudar a su hijo a alistar todo lo que se debe llevar al colegio al día siguiente.
  • Si el niño es muy pequeño y llega cansado de estudiar, permita que duerma un rato para que cuando despierte tenga ánimo para realizar sus tareas.
  • No amenace a los hijos con la pérdida de amor. Ante una amenaza, el menor podría responder temporalmente, pero en lugar de fortalecerse se sentirá más inseguro.




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